"Las sectas se encuentran fuera de la Iglesia"El Mons. Christoph Schönborn. O.P. -Cardenal Arzobispo de Viena- Brinda algunas reflexiones sobre el concepto de secta y respuesta a algunas acusaciones dirigidas a grupos católicos Clarificación de conceptos.
- Este término ni siquiera es aplicable al cambio de la personalidad que a menudo se produce dentro de las sectas, pues con él se quiere aludir a métodos inhumanos, aplicados por regímenes totalitarios, para influenciar y cambiar la personalidad del hombre. Ese término no se puede aplicar de ninguna manera a la formación de los miembros de comunidades eclesiales, puesto que la formación es una transformación, querida libremente, que respeta la dignidad humana; una transformación de toda la persona en Cristo, que deriva de la llamada programática de Jesús a convertirse y a creer (cf. Mc 1, 14 ss). Quien sigue la llamada de Jesús en la gracia y en la libertad, adquiere una visión sobrenatural de la vida en todas sus dimensiones. También San Pablo, en una de sus cartas, habla de esta transformación, cuando afirma: "No os acomodéis al mundo presente, antes bien transformaos mediante la renovación de vuestra mente, de forma que podáis distinguir cuál es la voluntad de Dios: lo bueno, lo agradable, lo perfecto" (Rm 12, 2).
- En la tradición cristiana, ese proceso se suele llamar metánoia: conversión de vida. Tal cambio de vida se basa en la experiencia de ser llamado por el Dios vivo a seguirlo en un camino particular. La conversión es un proceso devida, que requiere una continua decisión libre del cristiano. Es deber de las comunidadeseclesiales controlar que la decisión de seguir la llamada sea libre. Una serie de directricescanónicas está orientada a ello.
2) Aislamiento y separación del mundo“La secta no reconoce una autoridad exterior, mientras que los grupos eclesiales se someten consciente y libremente a la autoridad de la Iglesia”
- El Evangelio dice que los cristianos no son "del mundo" (En 17, 16), sino que cumplen su misión "en el mundo" (En 17, 18). Alejamiento del mundo no significa separación de los hombres y de sus alegrías, preocupaciones y necesidades, sino alejamiento del pecado. Por tanto, Jesús ora por sus discípulos:"No te pido que los retires del mundo, sino que los guardes del maligno" (En 17, 15). Si los cristianos no hacen ciertas cosas como los demás, o si no siguen completamente la moda, no quiere decir que desprecien el mundo. Sólo rechazan lo que va en contra de su fe o lo que no consideran más importante porque han encontrado "el tesoro escondido en un campo" (Mt 13, 44). La unión con Cristo debe impulsarlos a no apartarse a un mundo propio, sino a santificar el mundo, transformándolo en la verdad, en la justicia y en la caridad. En varias ocasiones el Concilio Vaticano II puso de relieve ese aspecto.
- El respeto y la solicitud amorosa hacia los padres y familiares forma parte esencial del mensaje cristiano. Pero si se trata de la llamada a su seguimiento particular, Jesús pide que también se alejen de su familia: los Apóstoles abandonaron su familia, su profesión, su patria.
- Ese modo de seguir a Cristo continúa en la historia hasta nuestros días. Algunos padres se alegran de que uno de sus hijos o hijas tome esa decisión, pero, a este respecto, pueden surgir conflictos con los familiares. Jesús mismo los previó (cf. Mt 10, 37).
- Dejar que un hijo se marche no siempre es fácil, ni siquiera en el caso del matrimonio. De todos modos, si se abandona la casa por la llamada de Jesús y con plena libertad, no se trata de huir de los deberes familiares, y no se puede achacar a un influjo injustificado por parte de una comunidad. Todo miembro de la familia es libre de escoger su camino en la vida. También a este propósito es preciso ser tolerantes, respetando la decisión de la conciencia de la persona.
- Es preciso distinguir con esmero entre personas que utilizan su capacidad de modo egoísta y falso para dominar a los demás y hacerlos dóciles, y las personas realmente carismáticas, que también las hay hoy en la Iglesia. Éstas ofrecen todo su ser "con pureza" (II Cor 6, 6) por el bien de la Iglesia y de los hombres. En la historia de la salvación encontramos continuamente nuevas personalidades carismáticas. Su prototipo es Jesucristo mismo. Siguiendo su ejemplo, innumerables hombres y mujeres han descubierto su camino en la vida y su felicidad.
- Fundadores y otros hombres carismáticos, como San Benito, San Ignacio, Santa Clara o Santa Ángela de Merici, se esforzaron por ganar a otras personas para Cristo. Dios los envió como un regalo a su Iglesia. Con la libertad de los hijos de Dios, transmitieron a otros la riqueza sobrenatural de su vida, y siempre se sometieron a la autoridad de la Iglesia. ¿No debemos dar gracias a Dios porque nos regala también hoy personas tan llenas de espíritu? Además de conservar las estructuras establecidas y consolidadas, ¿no debemos también estar abiertos al soplo del Espíritu Santo, que es el alma de la iglesia?
“Todo miembro de la familia es
libre de escoger su camino en la vida”
- A menudo se critica a ciertos grupos porque forman una "iglesia dentro de la Iglesia". Para evitar ese peligro, es preciso buscar siempre una relación equilibrada entre estructuras eclesiales existentes, sobre todo la parroquia, y los nuevos grupos.
- Desde tiempos antiguos el núcleo de la vida consagrada fue el seguimiento de Cristo en el celibato (en la virginidad), en la obediencia y en la pobreza. Quien elige este camino y, después de varios años de reflexión y de oración, asume sus respectivos compromisos, renuncia a determinados derechos por una libre decisión de conciencia: al derecho de contraer matrimonio; al derecho a la autodeterminación; y al derecho a administrar y a adquirir bienes de forma independiente. El Concilio enseña: "Los consejos evangélicos de castidad consagrada a Dios, pobreza y obediencia tienen su fundamento en las palabras y el ejemplo del Señor. Recomendados por los Apóstoles, los Padres de la Iglesia, los doctores y pastores, son un don de Dios, que la Iglesia recibió de su Señor y que con su gracia conserva siempre".
- La decisión de seguir esa forma de vida, si se toma voluntariamente, no viola los derechos humanos, sino que es la respuesta a una llamada particular de Cristo. De todos modos, los responsables de las diversas comunidades deben apoyar la disponibilidad de los miembros con sinceridad y ayudarles a que fructifique en el espíritu de una verdadera comunión, para la edificación de la Iglesia y para el bien de los hombres.
- En todas las comunidades religiosas, los nuevos miembros disponen de un tiempo de conocimiento recíproco, de crecimiento y de auto-examen, como preparación para un compromiso definitivo. Los superiores también tienen derecho a expulsar a alguno, si se producen ciertos hechos graves. Por desgracia, también hay abandonos o expulsiones, cuando alguien da un paso definitivo. Algunos de los que han abandonado una comunidad conservan un buen contacto y, de común acuerdo, siguen su camino. Naturalmente, las comunidades reconocidas por la Iglesia también deben ofrecer a sus miembros y ex-miembros la posibilidad de dirigirse, en caso de conflicto, a las instancias eclesiásticas competentes.
- Ahora bien, algunos de los ex-miembros difunden sus experiencias negativas en los medios de comunicación social. Donde haya personas que viven juntas, hay inevitablemente límites y debilidades. Pero eso no justifica que se presenten las propias dificultades en el interior de una comunidad como válidas en general. Esas experiencias negativas de algunos son siempre dolorosas para la entera comunidad de la Iglesia. Tales experiencias a menudo son destacadas por la publicidad secular, a la cual, normalmente, no le interesan las cuestiones doctrinales, sino sólo los comportamientos y las consecuencias que de ellas derivan. En la discusión se pone de relieve que la Iglesia, en sus diversas comunidades, es una "sociedad de contradicción" ante la sociedad liberal y secular. "Quien acepta la religión sólo en la forma de una religión civil adaptada a la mentalidad social, considerará sospechoso todo lo que sea radical". Si una crítica se basa en una acusación realmente seria, la autoridad eclesiástica la examinará a fondo; una crítica puede llevar también a una purificación y a un mejor crecimiento de esa comunidad.
“Algunos de los ex-miembros difunden sus experiencias
negativas en los medios de comunicación social”






